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¿Abusas de los adjetivos? Aprende a corregirlos sin perder tu estilo — Parte 2 de 2

cómo corregir los adjetivos conservando tu estilo

¿Te ha ocurrido que corriges una descripción, quitas varias palabras y, al volver a leerla, sientes que ha perdido algo? A veces queremos simplificar tanto que terminamos borrando detalles que sí tenían sentido.

En la primera parte aprendimos a reconocer cuándo un adjetivo aporta precisión, crea una atmósfera o revela la mirada de un personaje. Ahora vamos a dar el siguiente paso: revisar párrafos de verdad, probar alternativas y decidir qué conservar sin perder tu voz.

No necesitas un manuscrito perfecto para empezar. Basta con un fragmento y ganas de observar cómo funciona.

1. Un método sencillo para revisar los adjetivos que ya escribiste

Para empezar, escoge dos o tres párrafos de un cuento, una novela o un artículo que hayas escrito. No necesitas revisar todo tu manuscrito. Vamos a trabajar paso a paso.

1.1. Primero, identifica los adjetivos

Lee los párrafos con tranquilidad y marca los adjetivos que encuentres.


Por ahora, no cambies ni elimines nada. Solamente queremos descubrir qué palabras estás utilizando para describir personas, lugares, objetos o situaciones.

Puede que encuentres algo curioso. Tal vez utilizas muchos adjetivos para expresar emociones o tienes la costumbre de describir constantemente el tamaño, el color o la apariencia de las cosas.

No significa que estés escribiendo mal. Estás reconociendo tus costumbres, y eso te ayudará a corregir con más criterio.

1.2. Después, pregúntate qué aporta cada uno

Ahora vuelve al primer adjetivo que marcaste y hazte una pregunta: ¿para qué lo puse aquí?


Quizá te ayuda a distinguir un objeto, como ocurría con nuestro sobre amarillo. O puede que estés intentando transmitir una sensación, mostrar cómo se siente un personaje o describir el ambiente de una escena.


Pero también podrías descubrir que ese adjetivo está repitiendo algo que ya habías dicho.

Haz lo mismo con los demás. Eso sí, no te apresures a eliminar una palabra solamente porque no encuentres su utilidad a primera vista. A veces necesitamos leer el párrafo completo, o incluso recordar lo que ocurrió antes en la historia, para comprender por qué la utilizamos.

Lo que buscamos es saber qué está aportando cada adjetivo, no encontrar excusas para quitarlo.

1.3. Prueba cómo suena la frase sin él

Ahora viene una parte que me gusta mucho, porque nos permite comprobar si una palabra realmente hace falta.


Escoge uno de los adjetivos que te generaron dudas y elimínalo provisionalmente.


Después, vuelve a leer la frase.


¿Qué ocurrió? ¿Sigue expresando lo mismo? ¿Se entiende mejor? ¿O sientes que perdió algo importante?

Si la frase mejora, quizá encontraste una palabra que estaba sobrando, pero si pierde fuerza, naturalidad o algún detalle necesario, puede que lo mejor sea conservarla.

También puedes probar con otro adjetivo. A veces no necesitamos eliminar una característica, sino encontrar una palabra que la describa con mayor precisión.

Puedes probar varias versiones antes de decidir.

1.4. Finalmente, lee todo el párrafo en voz alta

Cuando termines de hacer los cambios, quiero proponerte una última prueba: lee el párrafo en voz alta, como si estuvieras contándole algo a otra persona.


Escucha cómo suenan las frases.


¿Hay alguna parte donde se acumulan tantas descripciones que te cuesta avanzar? ¿Encuentras palabras que parecen interrumpir el ritmo? ¿O sientes que ahora el texto fluye mejor?

Presta atención también a lo que pudo haberse perdido durante la corrección, porque a veces, con tantas ganas de simplificar, terminamos quitando palabras que le daban personalidad a nuestra escritura.

Si notas que el texto se volvió demasiado seco o que ya no transmite lo que querías expresar, vuelve a revisar los cambios.

Y no tengas problema en recuperar alguno de los adjetivos que habías eliminado.

No queremos que todos escribamos igual ni que nuestras frases tengan la menor cantidad posible de palabras.

Lo que queremos es que, después de corregir, tu texto se entienda mejor, conserve su naturalidad y siga sonando como tú.

2. Laboratorio de escritura: vamos a corregir un párrafo

Vamos a practicar. Primero corregiremos un párrafo inventado; después podrás aplicar el mismo procedimiento a uno de tus textos.

2.1. Primer ejercicio: encuentra los adjetivos que revisarías

Lee este párrafo:


La joven periodista abrió una caja enorme, gigantesca y pesada. Dentro encontró una libreta pequeña, diminuta y roja. Se quedó sorprendida, asombrada e incrédula.


¿Qué adjetivos dejarías? ¿Cuáles parecen decir casi lo mismo?


Antes de continuar, intenta escribir otra versión. No tienes que eliminar todas las características: decide cuáles ayudan a imaginar la escena y qué emoción quieres transmitir.

2.2. Una posible versión corregida

Comparemos con esta alternativa:


La periodista abrió una caja pesada. Dentro encontró una diminuta libreta roja. La sostuvo entre los dedos y tardó un momento en pasar la primera página.

¿Qué cambió?

  • Quitamos joven porque la edad de la periodista no era relevante en esta escena. Entre enorme y gigantesca elegimos no conservar ninguna: aquí nos interesa más el peso de la caja que su tamaño. 
  • De pequeña y diminuta dejamos la segunda, porque ayuda a imaginar el tamaño de la libreta. 
  • Si quisiéramos destacar el contraste de tamaños entre ambos objetos, tendríamos que conservar también algún detalle sobre las dimensiones de la caja.
  • Conservamos roja como un detalle visual. Pero si el color no tuviera ninguna función, también podríamos eliminarlo. No hay que defender un adjetivo solo porque suena bonito.

Finalmente, en lugar de acumular sorprendida, asombrada e incrédula, mostramos una vacilación. Es una reescritura creativa, no una corrección obligatoria: la reacción que elijas debe respetar lo que sabes de tu personaje y de la escena.

La lección no está en la cantidad de palabras que quitamos. Está en poder explicar por qué dejamos cada una.

2.3. Segundo ejercicio: decide qué conservarías

Vamos con otro ejercicio. Esta vez no vamos a corregir un párrafo completo. Quiero que observes cinco expresiones y pienses si sus adjetivos son necesarios.

Expresión

¿La revisarías?

¿Por qué?

Una respuesta breve

Depende

Puede ayudarnos a entender cómo respondió alguien.

Un círculo redondo

Generalmente sí

En la mayoría de los casos, redondo repite una característica que ya conocemos.

Una sonrisa amarga

Probablemente no

Puede transmitir una emoción que no expresaríamos diciendo solamente sonrisa.

Una experiencia maravillosa y fantástica

Conviene revisarla

Los dos adjetivos podrían estar expresando una valoración muy parecida.

Una puerta verde

Depende

El color puede ser importante para identificarla o reconocerla después.

¿Te fijaste en que no todas las respuestas son iguales?

En algunos casos parece bastante claro que podemos eliminar una palabra. En otros, necesitamos saber qué está ocurriendo en el texto para tomar una decisión.

Por ejemplo, una puerta verde puede ser un detalle sin importancia en una escena, pero también podría ser la puerta que un personaje lleva varios capítulos buscando.

Y ahí cambia todo.

Por eso no quiero que memorices una lista de adjetivos que debes evitar. Prefiero que aprendas a reconocer qué está aportando cada uno.

2.4. Tercer ejercicio: trabaja con tu propio manuscrito

Ahora sí: busca un párrafo de tu cuento, novela o artículo donde hayas utilizado varios adjetivos. Completa esta ficha antes de corregir. Puedes copiarla en un documento o responder las preguntas en tu cuaderno.

Pregunta

Tu respuesta

¿Qué quiero transmitir?

¿Qué adjetivos estoy utilizando?

¿Cuáles aportan información o expresividad?

¿Cuáles podrían repetir ideas?

¿Qué cambios decidí realizar?

¿Qué ganó o perdió el párrafo al corregirlo?

Cuando termines, guarda las dos versiones: la original y la corregida. La comparación puede sorprenderte.

Quizá la nueva frase sea más clara y natural. O tal vez eliminamos un adjetivo que ayudaba a transmitir una emoción, describir un detalle importante o mantener nuestro estilo.

Si eso ocurre, no tengas problema en recuperarlo.

Lo que quiero es que, al finalizar el ejercicio, puedas mirar cada cambio y explicar por qué lo hiciste.

¿Quitaste una palabra porque repetía una idea? ¿Conservaste otra porque ayudaba a imaginar la escena? ¿Cambiaste un adjetivo porque encontraste uno más preciso?

Si puedes responder, habrás conseguido algo más valioso que recortar un párrafo.

Estás aprendiendo a revisar tu escritura con criterio propio, sin depender de reglas que no siempre funcionan para todos los textos.

3. ¿Cómo encontrar el equilibrio sin perder tu estilo?

Antes de terminar, quiero que hablemos de algo que me parece muy importante: ¿qué pasa cuando nos entusiasmamos tanto corrigiendo que terminamos quitándole personalidad a lo que escribimos?


Porque puede suceder.


Aprendemos que algunos adjetivos sobran y empezamos a eliminarlos. Descubrimos que nuestras descripciones son demasiado largas y comenzamos a recortarlas.

Al principio, los textos parecen mejorar. Las frases son más breves y algunas ideas se entienden con mayor facilidad.

Pero cuando volvemos a leer, notamos algo extraño. El texto está más ordenado, sí, pero ya no transmite lo mismo. Parece que, junto con las palabras que sobraban, también eliminamos parte de nuestra manera de contar las cosas.

Y eso es precisamente lo que queremos evitar.

3.1. No todas las historias necesitan el mismo tipo de lenguaje

Piensa en dos escritores que trabajan en historias diferentes.


El primero escribe una novela histórica. Necesita describir cómo eran las casas, qué vestían los personajes y qué objetos utilizaban en su vida cotidiana. Muchos de esos detalles ayudan al lector a imaginar una época que no conoció.


El segundo está escribiendo un relato de suspenso. Su protagonista intenta escapar de un edificio mientras alguien lo persigue.

3.1.1. ¿Necesitan el mismo tipo de descripción? Probablemente no.

En la novela histórica, detenernos en algunos detalles puede ayudarnos a comprender mejor el ambiente. En cambio, si el personaje del relato de suspenso está corriendo para salvar su vida, quizá no sea el mejor momento para describir el color de cada pared o la decoración de los pasillos.

3.1.2. Ninguna forma es automáticamente mejor: cada historia tiene su ritmo.

Por eso, antes de eliminar adjetivos, piensa en lo que está ocurriendo en tu texto. A veces necesitas avanzar rápidamente y otras veces vale la pena detenerte para que el lector pueda imaginar una escena con mayor detalle.

3.2. No confundas sencillez con falta de personalidad

Seguramente has encontrado consejos que recomiendan utilizar pocos adjetivos. Incluso hay quienes sugieren limitarse a uno o dos por sustantivo.


Puede servirte para detectar acumulaciones, pero no la conviertas en una obligación.

Imagina que estás describiendo un jardín y necesitas mencionar que las flores son pequeñas, blancas y silvestres.

Si esas tres características ayudan al lector a imaginar el lugar, ¿por qué tendrías que eliminar alguna solamente para cumplir una regla?

Una frase con un solo adjetivo puede ser menos eficaz que otra con tres. Todo depende de qué aportan.

También debemos recordar que algunas expresiones se utilizan por su musicalidad, por el ritmo de una frase o por la emoción que transmiten.

Puede que una combinación de palabras parezca redundante cuando la examinamos por separado, pero que funcione perfectamente dentro de un poema o una narración.

Por eso, antes de corregir, intenta comprender qué está haciendo esa expresión en tu texto.

La sencillez puede ser una gran virtud, pero no debería conseguirse a costa de perder lo que hace especial tu manera de escribir.

3.3. Aprende a reconocer tus preferencias

Con el tiempo, todos repetimos algunas palabras sin darnos cuenta. Quizá te gusta describir los paisajes mediante sus colores. Tal vez recurres a palabras como hermoso, extraordinario o profundo cuando quieres transmitir una impresión.


O puede que tengas la costumbre de utilizar varios adjetivos para explicar cómo se siente un personaje.


No es necesariamente un defecto: todos tenemos preferencias expresivas.

El problema aparece cuando esas elecciones dejan de ser conscientes y empezamos a repetir las mismas palabras por costumbre.

Por ejemplo, si todos los personajes de tu novela tienen una sonrisa hermosa, todas las habitaciones son acogedoras y cada acontecimiento importante resulta extraordinario, quizá valga la pena detenerte a revisar.

No ocurre porque esas palabras sean incorrectas, sino porque, al utilizarlas constantemente, pueden perder parte de su fuerza.

Además, podrías estar dejando pasar oportunidades para describir cada situación de una manera más particular. Así que, cuando revises tu manuscrito, presta atención a los adjetivos que aparecen con frecuencia.

Pregúntate si realmente los elegiste porque eran los más adecuados o si simplemente son palabras a las que acostumbras recurrir.

Conocer esas preferencias te ayudará a ampliar tus recursos sin renunciar a tu estilo.

3.4. Corrige para mejorar, no para demostrar cuánto puedes eliminar

Cuando revises, no te propongas eliminar palabras para demostrar cuánto puedes recortar. Si tres adjetivos aportan algo necesario, conserva los tres. Si uno expresa lo que antes intentabas decir con cuatro, elige ese. Y si la frase funciona sin ninguno, tampoco necesitas añadirlo.


Lo importante es comprobar que la descripción siga ayudando al lector a comprender o imaginar lo que quieres contar.


Y si después de revisar una frase descubres que cada adjetivo tiene una razón para estar allí, entonces no necesitas eliminar ninguno.

4. Conclusión: no necesitas menos adjetivos, necesitas elegirlos mejor

Después de practicar, quizá todavía quieras una regla que te diga cuántos adjetivos puedes usar. Sería cómodo, ¿verdad? Pero escribir no funciona así.


La próxima vez que encuentres una descripción llena de adjetivos, no empieces a borrarlos. Pregúntate qué aporta cada uno, qué perdería la frase si lo quitaras y si existe una manera más precisa de expresar esa idea.

Tal vez descubras que varias palabras repiten lo mismo. O quizá encuentres un adjetivo que conserva una emoción, ayuda a imaginar una escena o recupera un detalle importante de tu historia. En ambos casos podrás decidir con más criterio.

Y recuerda: corregir no es quitarle personalidad a tu texto, sino ayudarlo a expresar mejor lo que querías contar.

Así que, antes de cambiar una palabra, vuelve a preguntarte:

¿Este adjetivo me está ayudando a contar mejor lo que quiero decir?

A veces lo eliminarás, otras lo cambiarás y otras lo dejarás donde está. Lo importante es saber por qué.

Porque no se trata de escribir con menos adjetivos. Se trata de elegirlos mejor, sin perder esa manera de escribir que es solamente tuya.

5. Bibliografía y fuentes de consulta

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (s. f.). Adjetivo calificativo. Glosario de términos gramaticales. https://www.rae.es/gtg/adjetivo-calificativo


Purdue Online Writing Lab. (s. f.). Concision. Purdue University. https://owl.purdue.edu/owl/general_writing/academic_writing/conciseness/index.html


Purdue Online Writing Lab. (s. f.). Steps for revising your paper. Purdue University. https://owl.purdue.edu/owl/general_writing/the_writing_process/proofreading/steps_for_revising.html

6. Acerca de la Autora

Mónica Yaneth Loeb Willes es consultora senior en marketing digital, SEO y desarrollo de contenido estratégico, con más de 45 años de experiencia diseñando, ejecutando y optimizando sistemas de contenido orientados a resultados en entornos digitales altamente competitivos.

Se especializa en posicionamiento orgánico (SEO) y arquitectura de contenido, integrando múltiples disciplinas —marketing, desarrollo web, comunicación y pensamiento estratégico— para diseñar sistemas de posicionamiento y contenido orientados a resultados medibles.

Actualmente se dedica a compartir su experiencia a través de sus publicaciones y a asesorar organizaciones en la optimización de sus estrategias digitales.

 

Experiencia en posicionamiento orgánico

Su trayectoria se caracteriza por la experiencia directa como webmaster desde 1993, desarrollando posicionamiento orgánico sostenido en mercados altamente competitivos.

Durante más de 16 años, mantuvo en los primeros lugares de los motores de búsqueda a una empresa líder del sector de equipos agrícolas en Colombia, superando consistentemente a proveedores internacionales, grandes superficies y competidores del sector.

Como copropietaria de Consultame.CO, sostuvo durante 12 años el posicionamiento orgánico del sitio en el sector tributario y legal, superando en visibilidad a portales especializados, competidores directos e incluso sitios institucionales.

 

Experiencia empresarial y editorial

Es fundadora de Virtual Creativex S.A.S., empresa especializada en ventas online, desde donde ha contribuido al crecimiento de más de 7.800 clientes mediante estrategias de contenido, SEO y conversión.

Su experiencia incluye la gestión integral de procesos editoriales —desde la ideación hasta el posicionamiento— en libros, artículos, manuales y proyectos educativos digitales.

 

Formación y reconocimiento

Se desempeña como conferencista y docente en entidades como la Cámara de Comercio de Cali, ProColombia y diversas universidades.

Es editora de AutorVirtual.com, y ha sido reconocida por la Cámara de Comercio de Cali, nominada como Mejor Empresario de Colombia (2010) y destacada en la Revista Acción No. 120 por su labor como pionera del marketing digital en Colombia.

 

Enfoque actual

Actualmente continúa desarrollando estrategias de posicionamiento y contenido, integrando SEO, pensamiento estratégico y desarrollo personal para ayudar a profesionales y emprendedores a transformar ideas en activos digitales posicionables y medibles.

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