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¿Abusas de los adjetivos? Descubre cuáles enriquecen tu escritura y cuáles sobran — Parte 1 de 2

abuso de los adjetivos

¿Te ha pasado que terminas de escribir una descripción, vuelves a leerla y descubres que está llena de adjetivos?

Imagina que querías describir una casa y terminaste diciendo que era grande, hermosa, elegante, luminosa, acogedora y maravillosa.

Mientras escribías, cada palabra te parecía necesaria. Pero ahora que lees el párrafo con calma, algo no termina de convencerte. Has dicho muchas cosas sobre la casa y, sin embargo, todavía cuesta imaginar cómo es realmente.

Así que empiezas a corregir. Quitas un adjetivo, cambias otro, buscas un sinónimo y vuelves a leer.

Pero entonces ocurre algo curioso: la descripción ya no suena igual. Parece que, al quitar algunas palabras, también se perdió parte de lo que querías transmitir.

¿Qué pasó? ¿Acaso todos esos adjetivos eran necesarios? No necesariamente. ¿Significa que deberías eliminarlos todos? Tampoco.

Lo que sucede es que algunos adjetivos nos ayudan a imaginar mejor una escena, mientras que otros repiten lo que ya dijimos, exageran una impresión o sencillamente no aportan gran cosa.

En esta primera parte vamos a descubrir qué aporta cada adjetivo, cuándo conviene conservarlo y cuándo vale la pena revisarlo. No vamos a contar palabras ni a imponer reglas rígidas: queremos que tus descripciones sean más claras sin perder esa manera tan tuya de escribir.

1. ¿Para qué sirven realmente los adjetivos?

1.1. A veces, una sola palabra hace toda la diferencia

Imagina que estás leyendo una novela y encuentras esta frase:


María tomó el sobre que estaba encima de la mesa.


Sabemos qué hizo María y dónde estaba el sobre.


Pero ahora imagina que sobre esa mesa hay varios sobres y que uno de ellos contiene una noticia que cambiará su vida. ¿Cómo hacemos para que el lector sepa cuál tomó?

Podríamos escribir:

María tomó el sobre amarillo que estaba encima de la mesa.

¿Ves lo que ocurrió?

Con una sola palabra, amarillo, conseguimos identificar el sobre que nos interesa. Y si el lector ya sabía que María estaba buscando precisamente ese sobre, el color adquiere todavía más importancia.

En este caso, el adjetivo no está de adorno. Nos está ayudando a contar mejor la historia.

1.2. Otras veces, nos ayudan a transmitir una sensación

Ahora quiero mostrarte otro ejemplo. Compara estas dos frases:


Pedro recibió una respuesta.


Pedro recibió una respuesta fría.


La primera nos cuenta lo que sucedió. Pedro recibió una respuesta y eso es todo lo que sabemos.


Pero la segunda nos hace pensar en algo más. ¿Por qué fue fría esa respuesta? ¿La persona estaba molesta con Pedro? ¿Quiso mantener las distancias? ¿O simplemente no tenía interés en continuar la conversación?

No sabemos exactamente qué ocurrió, pero el adjetivo nos hace imaginar otra situación. Ahí está buena parte de su utilidad: puede ayudarnos a crear ambientes, transmitir emociones y mostrar cómo son nuestros personajes sin necesidad de explicarlo todo.

Por eso, cuando escuches que para escribir mejor debes utilizar menos adjetivos, recuerda que no se trata simplemente de quitarlos. Algunos pueden aportar mucho a una frase.

1.3. El verdadero problema aparece cuando dejamos de elegirlos

Cuando estamos concentrados en escribir, es bastante normal que las palabras aparezcan casi sin pensarlo.


Si queremos transmitir una emoción intensa, agregamos varios adjetivos. Si estamos describiendo un paisaje, empezamos a mencionar todos los detalles que se nos ocurren.


Y eso no tiene nada de malo. Al fin y al cabo, estamos desarrollando nuestras ideas y construyendo una primera versión del texto.

El problema puede aparecer después, cuando llega el momento de corregir.

A veces releemos, cambiamos alguna palabra y seguimos adelante sin preguntarnos si cada adjetivo aporta algo o si lo conservamos porque fue lo primero que se nos ocurrió.

Quiero que tengas presente algo durante toda esta revisión:

Un adjetivo no sobra solamente porque podamos quitarlo. Sobra cuando no nos ayuda a transmitir lo que realmente queremos decir.

2. ¿Cuáles adjetivos enriquecen nuestra escritura?

No hay adjetivos que sean buenos o malos por sí mismos. Todo depende de lo que queramos contar y de cómo los utilicemos.


Piensa en esto: una palabra que parece estar de más en una descripción puede ser precisamente la que necesitamos en otra. Por eso, antes de empezar a quitar adjetivos, vale la pena preguntarnos qué están aportando.


Vamos a ver tres situaciones en las que conviene conservarlos.

2.1. Cuando aporta información que necesitamos

Imagina que estás preparando la descripción de un curso y escribes:


Las clases comienzan el lunes.


Ahora supongamos que hay clases presenciales y virtuales, pero el lunes empiezan solamente las primeras. Podrías escribir:

Las clases presenciales comienzan el lunes.

Con una palabra evitamos una confusión. Algo parecido sucede con contrato temporal, puerta metálica o documento confidencial. Esos adjetivos nos permiten distinguir características que pueden ser importantes.

Claro que no tenemos que describirlo todo. Si el detalle no ayuda a comprender la situación, quizá no haga falta. La pregunta es sencilla: ¿qué necesita saber el lector en este momento?

2.2. Cuando contribuye a crear una atmósfera

Ahora imagina una cena familiar. Todos están conversando tranquilamente hasta que alguien hace un comentario que nadie esperaba.


Podríamos escribir:


Un silencio incómodo se instaló entre los invitados.


Fíjate en la palabra incómodo.

Si la quitamos, seguimos sabiendo que todos guardaron silencio. Pero perdemos algo importante: la sensación de que ocurrió una situación que nadie sabe muy bien cómo manejar.

Quizá alguien se sintió ofendido. Tal vez se mencionó un tema del que nadie quería hablar. O alguien reveló algo que debía permanecer en secreto.

No necesitamos explicar todo eso en la misma frase. El adjetivo ya nos ayuda a imaginar la tensión del momento.

Y ahí está su valor. A veces, una sola palabra consigue transmitir una sensación que, de otra manera, necesitaríamos explicar con varias frases.

2.3. Cuando nos permite conocer mejor a un personaje

Hay otro detalle interesante. Los adjetivos no solamente nos ayudan a describir cómo son las cosas. También pueden mostrarnos cómo las ven nuestros personajes.


Mira estas dos frases:


Daniel contempló la casa antigua.


Daniel contempló la casa miserable.

Estamos hablando de una casa que podría ser exactamente la misma. Sin embargo, ¿no te parece que cada frase nos hace imaginar algo diferente?

En la primera, pensamos en una casa que lleva muchos años construida. Puede estar bien conservada o necesitar algunas reparaciones. Todavía no lo sabemos.

Pero en la segunda ocurre algo distinto. La palabra miserable nos transmite una impresión negativa.

¿Está deteriorada? ¿Daniel guarda malos recuerdos de ese lugar? ¿O es el narrador quien la juzga así? No lo sabemos, pero el adjetivo nos ha dado una pista.

Por eso, cuando revises tus descripciones, no te preguntes solamente si una palabra ayuda a imaginar un lugar o un objeto. Piensa también si nos está mostrando algo sobre la manera de sentir o de pensar de tus personajes.

A veces, un adjetivo aparentemente sencillo puede decirnos mucho sobre alguien, incluso antes de que ese personaje pronuncie una sola palabra.

3. ¿Cómo reconocer los adjetivos que sobran?

Ahora que sabemos cuándo un adjetivo puede enriquecer nuestra escritura, vamos a mirar el otro lado: ¿cómo descubrimos cuáles están sobrando?


A veces creemos que, para mejorar una descripción, necesitamos cambiarla por completo. Pero no siempre es así. En ocasiones, basta con quitar una o dos palabras para que la frase resulte más clara y natural.


Veamos tres situaciones que seguramente encontrarás cuando revises tus textos.

3.1. Cuando decimos dos veces prácticamente lo mismo

Lee esta frase:


El joven muchacho entró en una habitación pequeña y diminuta.


¿Notas algo extraño?


Por un lado, tenemos joven muchacho. Aunque no significan exactamente lo mismo, la palabra muchacho ya nos hace pensar en alguien joven, así que probablemente no necesitamos insistir en su edad.

Y luego encontramos pequeña y diminuta. Las dos palabras nos hablan del tamaño de la habitación, aunque diminuta expresa que es especialmente pequeña.

¿Qué pasaría si elimináramos las repeticiones?

El muchacho entró en una habitación diminuta.

La frase sigue contándonos lo mismo, pero ahora resulta más sencilla y directa.

Eso sí, quiero que tengas cuidado con algo: no todas las repeticiones son errores.

A veces podemos repetir una idea para darle énfasis, producir humor o conseguir un efecto literario. Si esa era nuestra intención, la repetición puede tener sentido.

Lo importante es que sepas por qué estás utilizando esas palabras y no las conserves simplemente porque aparecieron durante la primera redacción.

3.2. Cuando acumulamos elogios, pero no explicamos nada

Esto ocurre especialmente en reseñas, recomendaciones y textos comerciales.


Mira este ejemplo:


Este maravilloso, extraordinario, fantástico e increíble libro ofrece una experiencia fascinante.


Después de leerlo, ¿qué sabemos del libro? Que a quien escribió la frase le gustó mucho. Pero ¿qué lo hace especial? No tenemos muchas pistas.


Ahora imagina que, en lugar de acumular elogios, escribimos:

La novela alterna las versiones de tres personajes y consigue que una misma situación parezca completamente diferente según quién la cuenta.

¿Ves la diferencia?

Ahora sabemos algo concreto sobre la historia. Para despertar interés, suele ayudar más explicar qué tiene de especial que repetir elogios.

¿Significa que nunca debemos utilizar palabras como extraordinario, fantástico o fascinante?

Por supuesto que no. Podemos utilizarlas cuando realmente expresan lo que queremos decir.

Lo que debemos evitar es llenar nuestros textos de elogios que terminan diciendo casi lo mismo y dejan al lector sin información suficiente para formarse su propia opinión.

3.3. Cuando una descripción se vuelve pesada

Ahora quiero mostrarte una frase un poco más recargada:


La pequeña niña de cabello largo, brillante y sedoso se acercó lentamente a la enorme, antigua, pesada y oscura puerta.


¡Cuántas cosas estamos intentando contar al mismo tiempo!


Sabemos que la niña es pequeña, que tiene el cabello largo, brillante y sedoso, y que la puerta es enorme, antigua, pesada y oscura.


Pero pensemos un momento: ¿necesitamos toda esa información justo ahora?


Depende de lo que esté ocurriendo en la historia.

Si el cabello de la niña tiene alguna importancia, quizá convenga describirlo. Si la puerta pertenece a un castillo abandonado, su antigüedad y su aspecto también podrían ayudarnos a imaginar el lugar.

Pero supongamos que lo que realmente queremos mostrar es que a la niña le cuesta abrir la puerta.

En ese caso, podríamos escribir:

La niña se acercó a la pesada puerta de madera. Tuvo que empujarla con ambas manos para conseguir que se abriera.

Ahora podemos imaginar la dificultad que enfrenta sin detenernos en tantos detalles.

Y fíjate en algo: no eliminamos todos los adjetivos.

Conservamos pesada porque nos ayuda a comprender por qué la niña necesita utilizar ambas manos para abrir la puerta.

Ese es precisamente el criterio que queremos desarrollar: reconocer qué detalles contribuyen a la escena y cuáles podrían estar distrayendo al lector.

Por cierto, lentamente es un adverbio, no un adjetivo: indica cómo se acerca la niña. También podemos revisar los adverbios durante la edición, pero cumplen otra función.

Por ahora, quédate con esta idea: una buena descripción no es necesariamente la que contiene más detalles, sino la que nos permite imaginar con claridad lo que el escritor quiere mostrarnos.

4. Cómo corregir los adjetivos sin empobrecer tus descripciones

Ya vimos cómo reconocer algunos adjetivos que podrían estar sobrando. Ahora vamos a trabajar con ejemplos para descubrir cómo podemos mejorar nuestras descripciones sin quitarles naturalidad ni expresividad.


Quiero que prestes atención a algo: no siempre vamos a eliminar los adjetivos. En algunos casos los cambiaremos por detalles más concretos y, en otros, descubriremos que lo mejor es conservarlos.


Los ejemplos son inventados para practicar. Cuando corrijas un manuscrito real, cuida que los cambios no introduzcan hechos que contradigan tu historia.

4.1. Una habitación que tiene demasiadas cualidades

Imagina que estás escribiendo una novela y quieres describir la habitación de uno de tus personajes.

4.1.1. Antes de corregir:

La hermosa, elegante y lujosa habitación estaba decorada con preciosas cortinas, maravillosos cuadros y finísimos muebles.


Entendemos que es una habitación bonita y probablemente costosa. Pero ¿cómo es realmente? Sabemos que tiene cortinas, cuadros y muebles; nos faltan detalles para imaginarla. Probemos otra versión.

4.1.2. Después de corregir:

Las cortinas de seda caían hasta el suelo. Junto a la ventana había una mesa de mármol y, sobre la chimenea, descansaba un reloj de bronce.


En lugar de repetir que es hermosa y lujosa, mostramos detalles que permiten imaginarla: seda, mármol y bronce.


Eso no significa que debamos describir cada objeto.

Si nuestro personaje solamente entra para recoger algo y vuelve a salir, quizá no necesitamos tantos detalles.

En ese caso, podríamos escribir:

Entró en una habitación lujosa y cerró la puerta.

Y listo. El lector sabe lo necesario para seguir la historia.

Por eso, antes de ampliar o reducir una descripción, conviene preguntarnos cuánto necesita saber el lector en ese momento.

4.2. Una emoción que estamos explicando demasiado

Ahora pensemos en una situación diferente. Imagina que Laura acaba de recibir un mensaje con una noticia que la afecta profundamente.

4.2.1. Antes de corregir:

Laura estaba profundamente triste, completamente desolada y terriblemente decepcionada.


Entendemos cómo se siente, pero insistimos en emociones muy parecidas.


Fíjate en que tenemos tres adjetivos: triste, desolada y decepcionada. Además, cada uno está acompañado por un adverbio que intensifica la emoción: profundamente, completamente y terriblemente.


Con tantas intensificaciones no llegamos a ver cómo reacciona. Probemos otra versión.

4.2.2. Después de corregir:

Laura leyó el mensaje dos veces. Después apagó el teléfono y permaneció sentada, sin saber qué hacer.


Ahora observamos su reacción y podemos inferir cómo se siente sin nombrar varias veces su tristeza.


Pero aquí quiero hacer una aclaración importante.

No siempre necesitamos describir las reacciones de un personaje para expresar lo que siente. A veces, una frase sencilla funciona perfectamente:

Laura estaba desolada.

No todas las emociones necesitan convertirse en escenas completas. Si solo queremos informar cómo se siente Laura y avanzar, una frase puede ser suficiente.

4.3. Una propuesta comercial llena de elogios

Este problema no aparece solamente en las novelas. También lo encontramos en artículos, páginas de ventas y descripciones de productos o servicios.


Imagina que estás buscando un curso y encuentras esta presentación:

4.3.1. Antes de corregir:

Nuestro excelente e innovador curso ofrece una fantástica experiencia de aprendizaje mediante una metodología extraordinaria.


La frase quiere transmitir entusiasmo, pero ¿sabemos qué aprenderemos o cómo funciona el curso? No demasiado. Probemos con información concreta.

4.3.2. Después de corregir:

El curso combina explicaciones breves, ejercicios prácticos y actividades de revisión para que puedas aplicar lo aprendido a tus propios proyectos.


Ahora sabemos que habrá explicaciones, ejercicios y trabajo sobre proyectos propios.

¿Demuestra que es excelente? No. Para afirmarlo necesitaríamos comprobar su calidad y resultados.

Pero al menos tenemos información concreta que nos ayuda a valorar la propuesta. Por eso, cuando escribas para presentar un producto, un servicio o incluso tu propio libro, procura no depender solamente de palabras como maravilloso, extraordinario o fantástico.

Puedes utilizarlas, por supuesto, pero recuerda que el lector también necesita saber qué hace especial aquello que le estás ofreciendo.

4.4. Un adjetivo aparentemente innecesario que resulta fundamental

Hasta ahora hemos visto cómo mejorar algunas frases eliminando palabras o sustituyendo valoraciones por detalles más concretos.


Pero quiero mostrarte un ejemplo en el que sería un error quitar un adjetivo.


Imagina que estás leyendo una novela y encuentras esta frase:


El niño dejó una flor amarilla sobre la tumba de su abuela.

Podrías pensar que no necesitamos saber de qué color era la flor.

Si escribimos El niño dejó una flor sobre la tumba de su abuela, seguimos entendiendo lo ocurrido.

Pero ahora imagina que, varios capítulos antes, la abuela le enseñó al niño a cultivar flores amarillas. Pasaban las tardes cuidándolas y, con el tiempo, esas flores se convirtieron en algo especial para ambos.

¿Cambia ahora la escena? Seguramente sí.

Ahora esa flor amarilla no es simplemente una flor. Nos recuerda los momentos que compartían el niño y su abuela.

Con una sola palabra, el lector recupera un recuerdo compartido. Si quitamos amarilla, perdemos esa conexión con la historia.

Por eso, cuando revises tus descripciones, no te apresures a quitar palabras solamente porque la frase sigue teniendo sentido sin ellas.

A veces necesitamos mirar lo que ocurrió antes, conocer mejor a los personajes o comprender qué queremos transmitir en esa escena.

Un adjetivo que parece estar de más cuando leemos una frase aislada puede ser precisamente el que le da sentido dentro de la historia.

5. Para quedarnos con una idea

Antes de corregir una descripción, pregúntate qué aporta cada adjetivo. Algunos identifican algo, otros crean ambiente y otros dejan ver cómo piensa un personaje. También encontrarás palabras que repiten información o que intentan impresionar sin explicar nada.


No se trata de prohibir unas y premiar otras. Se trata de elegir con intención. En la segunda parte pasaremos de reconocer los adjetivos a corregirlos en tus propios párrafos, con un método sencillo y un laboratorio de práctica.

6. Bibliografía y fuentes de consulta

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (s. f.). Adjetivo. Glosario de términos gramaticales. https://www.rae.es/gtg/adjetivo


Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (s. f.). Adjetivo calificativo. Glosario de términos gramaticales. https://www.rae.es/gtg/adjetivo-calificativo


Purdue Online Writing Lab. (s. f.). Concision. Purdue University. https://owl.purdue.edu/owl/general_writing/academic_writing/conciseness/index.html

7. Acerca de la Autora

Mónica Yaneth Loeb Willes es consultora senior en marketing digital, SEO y desarrollo de contenido estratégico, con más de 45 años de experiencia diseñando, ejecutando y optimizando sistemas de contenido orientados a resultados en entornos digitales altamente competitivos.

Se especializa en posicionamiento orgánico (SEO) y arquitectura de contenido, integrando múltiples disciplinas —marketing, desarrollo web, comunicación y pensamiento estratégico— para diseñar sistemas de posicionamiento y contenido orientados a resultados medibles.

Actualmente se dedica a compartir su experiencia a través de sus publicaciones y a asesorar organizaciones en la optimización de sus estrategias digitales.

 

Experiencia en posicionamiento orgánico

Su trayectoria se caracteriza por la experiencia directa como webmaster desde 1993, desarrollando posicionamiento orgánico sostenido en mercados altamente competitivos.

Durante más de 16 años, mantuvo en los primeros lugares de los motores de búsqueda a una empresa líder del sector de equipos agrícolas en Colombia, superando consistentemente a proveedores internacionales, grandes superficies y competidores del sector.

Como copropietaria de Consultame.CO, sostuvo durante 12 años el posicionamiento orgánico del sitio en el sector tributario y legal, superando en visibilidad a portales especializados, competidores directos e incluso sitios institucionales.

 

Experiencia empresarial y editorial

Es fundadora de Virtual Creativex S.A.S., empresa especializada en ventas online, desde donde ha contribuido al crecimiento de más de 7.800 clientes mediante estrategias de contenido, SEO y conversión.

Su experiencia incluye la gestión integral de procesos editoriales —desde la ideación hasta el posicionamiento— en libros, artículos, manuales y proyectos educativos digitales.

 

Formación y reconocimiento

Se desempeña como conferencista y docente en entidades como la Cámara de Comercio de Cali, ProColombia y diversas universidades.

Es editora de AutorVirtual.com, y ha sido reconocida por la Cámara de Comercio de Cali, nominada como Mejor Empresario de Colombia (2010) y destacada en la Revista Acción No. 120 por su labor como pionera del marketing digital en Colombia.

 

Enfoque actual

Actualmente continúa desarrollando estrategias de posicionamiento y contenido, integrando SEO, pensamiento estratégico y desarrollo personal para ayudar a profesionales y emprendedores a transformar ideas en activos digitales posicionables y medibles.

📍 Colombia
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